Xiao Zhige condujo a An Chang Qing hacia delante a un ritmo moderado. El hombre era alto y erguido, al igual que la afilada lanza que tenĂa detrĂ¡s. Estar a su lado, incluso sin ninguna palabra o acciĂ³n por su parte, podĂa dar a An Chang Qing una sensaciĂ³n de seguridad sin igual.
Después de dar
otros dos pasos, An Chang Qing tuvo que preguntar de nuevo: ―¿Me protegerĂ¡s sin importar
lo que haga?
Xiao Zhige le
dirigiĂ³ una mirada desconcertada y respondiĂ³ con seguridad: ―Por supuesto.
Eres mi Wangfei.
La expresiĂ³n
del hombre era seria mientras respondĂa, como si fuera una lĂ³gica implĂcita.
An Chang Qing
sonriĂ³ en secreto y lo arrastrĂ³ por otro camino: ―No volvamos
todavĂa. AcompĂ¡Ă±ame al patio oeste.
Xiao Zhige no
conocĂa sus intenciones, pero se mantuvo al dĂa con Ă©l.
La familia An
vivĂa en una mansiĂ³n de cinco entradas. La vieja matriarca vivĂa en el patio
principal, mientras que los dos hermanos mayores, An Zhi Ke y An Zhi Zhou,
vivĂan en los patios este y oeste respectivamente. An Chang Qing llevĂ³ a Xiao
Zhige mĂ¡s allĂ¡ de una terraza y luego a travĂ©s de una puerta de flores antes de
llegar al patio oeste.
El patio oeste
estaba actualmente lleno de gente y se escuchaban gritos ocasionales.
Cuando entraron
An Chang Qing y Xiao Zhige, los sirvientes que corrĂan se sorprendieron, pero
se recuperaron rĂ¡pidamente y continuaron con su trabajo, a excepciĂ³n de una
criada bien vestida que mirĂ³ a An Chang Qing de mala gana. Se mordiĂ³ los labios
y empujĂ³ a los otros sirvientes al frente para entrar en la habitaciĂ³n.
―Esa es la
sirvienta y amante de An Changqi, Fei Cui ―, se quejĂ³ An Chang Qing a Xiao Zhige, ―Los trucos de
An Changqi contra mĂ fueron todos
pensados por ella.
Probablemente,
Fei Cui era consciente de las intenciones de An Changqi hacia él y por eso
nunca le habĂa gustado. En la superficie, le daba consejos sobre cĂ³mo obligar a
An Chang Qing a someterse, mientras que a sus espaldas, encontraba cualquier
oportunidad para humillarlo. En aquel entonces, Ă©l era joven y tĂmido, sĂ³lo
podĂa tragarse la ira y soportar los agravios en silencio.
Pero ahora,
sabĂa que habĂa alguien que lo apoyaba.
El joven
utilizĂ³ un tono parcialmente lamentable y lleno de coqueterĂa para expresar sus
quejas a Xiao Zhige. Los grandes ojos que lo miraban eran como los de un niño
que le cuenta a su familia cĂ³mo ha sido agraviado. El corazĂ³n de Xiao Zhige se
ablandĂ³. ApretĂ³ ligeramente la mano dentro de su palma y susurrĂ³ en sus oĂdos: ―Ella informa a
An Zhi Ke.
―!!! ―Los ojos de An
Chang Qing se abrieron de par en par con sorpresa.
Este no era un
buen lugar para hablar despuĂ©s de todo. Xiao Zhige sĂ³lo señalĂ³: ―Ella es un peĂ³n muy Ăºtil. UtilĂzala bien y no sĂ³lo podrĂ¡s matar a An Changqi sino tambiĂ©n abrir una brecha entre
los hermanos An.
An Chang Qing
no habĂa digerido del todo la informaciĂ³n y no podĂa idear un plan. PreguntĂ³
impaciente: ―¿CĂ³mo?
―Piensa. ―Xiao Zhige no
le dio una respuesta inmediata. En su lugar, caminĂ³ con Ă©l hacia la
habitaciĂ³n. Antes de que An Chang Qing pudiera seguir preguntando, fue
interrumpido por un grito.
―¡CĂ³mo te atreves a
venir aquĂ! ―Madame Sun, la
esposa de An Zhi Zhou, gritĂ³ y cargĂ³ contra An Chang Qing. ―¡Perra! No fue suficiente que lo sedujeses, ahora incluso
le hiciste esto. ¡Quiero que pagues con tu vida!
An Chang Qing
no pudo reaccionar a tiempo. Estaba a punto de que le arrancaran los ojos con
las afiladas uñas de la mujer cuando vio a Xiao Zhige protegiéndolo y al
momento siguiente, una patada habĂa enviado a Madame Sun hacia atrĂ¡s en una
silla de palisandro.
Xiao Zhige
tenĂa una expresiĂ³n asesina. AdvirtiĂ³: ―El dĂa que Wangfei regresĂ³ de visita, An Changqi no solo fue descortĂ©s sino que incluso se atreviĂ³ a ofender a Wangfei. Fui indulgente al simplemente
cortarle la mano y la pierna. Si no fuera por la sĂºplica de Wangfei, ¿crees que
aĂºn podrĂa estar vivo? ―LanzĂ³ una mirada
opresiva a Madame Sun, cuyo cabello ahora se habĂa desparramado desordenadamente sobre su frente y la
preguntĂ³ con voz frĂa: ―¿O Madame Sun cree que este castigo fue demasiado leve?
An Zhi Zhou
ayudĂ³ a su esposa a levantarse, pero sus piernas se habĂan vuelto blandas. Se
tambaleĂ³ y se arrodillĂ³ en el suelo. An Zhi Zhou tambiĂ©n se arrodillĂ³ y hablĂ³
con miedo: ―Mi esposa es ignorante y ama demasiado a nuestro hijo, no
quiso faltarle el respeto a Wangfei. Wangye, por favor, perdĂ³nela.
Xiao Zhige
ignorĂ³ a la pareja arrodillada en el suelo y se volviĂ³ hacia An Zhi Ke, ―El ministro An
no solo deberĂa sumergirse en
el trabajo todo el dĂa. Ya es hora de que arregles esta familia, de lo
contrario, tarde o temprano, el legado de An estĂ¡ destinado a caer.
An Zhi Ke puso
una cara negra y se inclinĂ³, ―La enseñanza de Wangye es correcta. ―Luego mirĂ³ a An Chang Qing con intensa insatisfacciĂ³n. Sin embargo,
con Xiao Zhige presente, no se atreviĂ³ a salirse de la lĂnea y solo pudo forzar
una sonrisa, ―¿Hay algo mĂ¡s que Wangfei necesite?
El propĂ³sito de
An Chang Qing aquĂ era encontrarlo, asĂ que fue directo al grano: ―Lady Yu ha
estado enferma durante mucho tiempo, incluso las hierbas actuales no estĂ¡n
ayudando. Da la casualidad de que la mansiĂ³n Wang tiene un mĂ©dico hĂ¡bil y, con
la aprobaciĂ³n de Wangye, lo traerĂ© aquĂ en dos dĂas para que la revise.
Los ojos de An
Zhi Ke se estrecharon. Antes de que pudiera responder, Madame Li intervino: ―El mĂ©dico que le dio las recetas a Lady Yu procedĂa del PabellĂ³n De Ren y
tiene años de
experiencia a sus espaldas, aunque se cambie a otro, me temo que...
―Seguiremos
cambiando hasta que encontremos a alguien que pueda tratarla ―, la cortĂ³ An Chang Qing, ―Padre, ¿crees que es un criterio lĂ³gico?
La cara de An
Zhi Ke empeoraba por momentos. El que estaba frente a él ya no era el hijo
marginado de una concubina, sino el Wangfei del Señor de la Guerra del Norte.
An Zhi Ke sĂ³lo pudo inclinarse y asentir: ―AsĂ es.
An Chang Qing
continuĂ³ lentamente: ―Por otro lado, el JardĂn Rainbow estĂ¡ bastante
aislado y no hay nadie alrededor. Wangye estaba preocupado por lo que habĂa
dejado atrĂ¡s a Zhao Shi.
La cara de An
Zhi Ke estaba distorsionada. ApretĂ³ los dientes por un momento antes de
responder: ―AsĂ es como deberĂa ser, es mi negligencia.
Después de
haber logrado todos sus objetivos, An Chang Qing sonriĂ³ de satisfacciĂ³n. Le
dijo a An Zhi Zhou y a su esposa que todavĂa estaban arrodillados: ―Hay mucho por
hacer en la MansiĂ³n Wang, volverĂ© a visitar a mi primo otro dĂa.
Los dedos de
Madame Sun se hundieron profundamente en su piel, pero se las arreglĂ³ para
permanecer en silencio. An Zhi Zhou dijo apresuradamente: ―No nos
atrevemos a molestar a Wangfei.
An Chang Qing
asintiĂ³ cortĂ©smente y se fue con Xiao Zhige.
En el camino de
regreso, An Chang Qing se sentĂ³ en el carruaje como antes y Xiao Zhige montĂ³ su
caballo junto a él.
Ya era tarde al
mediodĂa y el sol colgaba perezosamente en el cielo invernal, emitiendo una luz
cĂ¡lida. An Chang Qing levantĂ³ la cortina del carruaje para mirar a Xiao Zhige.
El hombre todavĂa vestĂa su ropa de esta mañana y estaba sentado alto y erguido
sobre un caballo negro. Contra la luz, la vista de An Chang Qing estaba
parcialmente oscurecida, pero aĂºn pensaba que su esposo se veĂa particularmente
apuesto.
A un lado de la
calle llegaban los ruidos de cierta tienda. An Chang Qing mirĂ³ con curiosidad y
vio que 'San Wei Zhai' estaba escrito en la placa de la tienda. Sus ojos
mostraban una pizca de picardĂa.
ExtendiĂ³ la
mano y tirĂ³ de la manga de Xiao Zhige, ―Quiero comer pasteles de flor de
ciruelo.
Xiao Zhige se
detuvo y mirĂ³ al joven que le estaba dando una mirada expectante. La luz del
sol anaranjada caĂa sobre su rostro, dĂ¡ndole un brillo angelical.
―Te lo comprarĂ© ―, Xiao Zhige ordenĂ³ que el
carruaje se detuviera. Se bajĂ³ del caballo y
caminĂ³ hacia San Wei Zhai.
San Wei Zhai
tenĂa buenos negocios y siempre habĂa una multitud frente a la tienda. Pero una
vez que Xiao Zhige entrĂ³ en escena, la multitud se separĂ³ como si una espada
hubiera dividido la tierra para dejarle paso. Xiao Zhige estaba acostumbrado a
esta reacciĂ³n. Como de costumbre, procediĂ³ a comprar una caja de pasteles
recién horneados.
―Solo puedes
tener dos ―, Xiao Zhige le entregĂ³ la caja y dijo: ―Es casi la hora de cenar.
Los pasteles de
flor de ciruelo reciĂ©n horneados eran aĂºn mĂ¡s fragantes. An Chang Qing dio un
mordisco y se enfurruĂ±Ă³ despuĂ©s de escuchar sus palabras: ―No serĂ¡ tan delicioso cuando estĂ© frĂo. SerĂ¡ un desperdicio.
Xiao Zhige
dijo: ―Te lo comprarĂ© de nuevo.
An Chang Qing
sacudiĂ³ la cabeza. Sus ojos brillaron mientras extendĂa su mano y colocaba un
trozo frente a Xiao Zhige, ―Comparte conmigo.
Xiao Zhige mirĂ³
el pastel de flor de ciruelo en su mano y redujo su velocidad. Se escucharon
suaves jadeos detrĂ¡s de ellos, lo que provocĂ³ que An Chang Qing y Xiao Zhige
miraran hacia atrĂ¡s, pero la gente que los rodeaba se habĂa alejado al
instante, fingiendo ocuparse de sus asuntos.
An Chang Qing
se volviĂ³ hacia Xiao Zhige y le instĂ³: ―Come o se enfriarĂ¡.
Xiao Zhige sĂ³lo
pudo bajar la cabeza y morder el trozo de pastel que tenĂa en la mano. El
pastel era de pequeño tamaño con un relleno de flor de ciruelo. No deberĂa
tener azĂºcar y, sin embargo, una sensaciĂ³n de dulzura fluyĂ³ en su corazĂ³n.
―Volvamos ―, Xiao Zhige se
aclarĂ³ la garganta, ―Me comerĂ© los que no puedas terminar.
An Chang Qing
respondiĂ³ con un 'oh' y se metiĂ³ otro trozo en la boca.
. . .
Al llegar a la
MansiĂ³n Wang, el Mayordomo Wang fue a recibirlos con algunos sirvientes. An
Chang Qing saliĂ³ del carruaje y notĂ³ que estaba cojeando, ―¿QuĂ© le pasa a tu
pierna? Si no se siente bien, deberĂa descansar.
El mayordomo
Wang se quedĂ³ sin palabras. No sabĂa cĂ³mo explicarse y solo podĂa mirar a Xiao
Zhige.
―Fue castigado
por su error ―, dijo Xiao Zhige.
Los ojos de An
Chang Qing se movieron pero no preguntĂ³ mĂ¡s. Se fue al patio principal con Xiao
Zhige. Los dos se limpiaron mientras los sirvientes preparaban la cena. Cuando
la comida estuvo servida, An Chang Qing dejĂ³ que los sirvientes se retiraran ya
que no estaba acostumbrado a tenerlos cerca, dejando sĂ³lo a Xiao Zhige y a Ă©l
en la habitaciĂ³n.
Xiao Zhige
cogiĂ³ un trozo de pescado y se puso a escarbar las espinas con cierta seriedad.
An Chang Qing
lo mirĂ³ y preguntĂ³: ―¿Es por mĂ?
―¿Hm? ―Xiao Zhige levantĂ³ la vista.
―La lesiĂ³n del mayordomo Wang.
Xiao Zhige
asintiĂ³ y continuĂ³ con la tarea que tenĂa entre manos, ―Tus regalos de
bienvenida deberĂan haber estado
preparados durante mucho tiempo. DescuidĂ³ sus deberes,
su castigo fue justo.
―¿QuĂ© pasa si yo
tambiĂ©n fui intimidado por alguien mĂ¡s en la mansiĂ³n? ―An Chang Qing se inclinĂ³ hacia Ă©l y le mirĂ³ con ojos brillantes.
―¿Alguien te intimidĂ³? ―Xiao Zhige
frunciĂ³ el ceño.
―No. SĂ³lo estoy preguntando ―, An Chang Qing
sacudiĂ³ la cabeza y sonriĂ³.
El ceño de Xiao
Zhige se relajĂ³: ―Me desharĂ© de esa
persona.
―¿Pero quĂ© pasa si quiero
darles una lecciĂ³n
personalmente? ―Habiendo sentido la indulgencia del hombre, An Chang Qing
saliĂ³ de su caparazĂ³n y quiso poner
a prueba el fondo del hombre.
―¿Les enseñas
personalmente una lecciĂ³n? ―Xiao Zhige
estaba un poco desconcertado, ―Hay una cĂ¡mara de tortura en la MansiĂ³n, solo consigue que alguien se ocupe de ellos por ti. ―Xiao Zhige
dudaba en permitir que An Chang Qing tuviera acceso a esos lugares ya que era
demasiado delicado. TemĂa que An Chang
Qing se lastimara antes de que pudiera hacer cualquier 'enseñanza'.
An Chang Qing
sabĂa que Xiao Zhige habĂa entendido mal y no pudo evitar reĂr. AclarĂ³ sus
intenciones: ―Lo que quise decir es, ahora que soy tu Wangfei, deberĂa aprender a cuidar la MansiĂ³n Wang. Antes tenĂas que dejar que el mayordomo Wang se
encargara de todo porque no habĂa nadie mĂ¡s para hacerlo, ahora me gustarĂa
intentarlo.
Luego mirĂ³
expectante a Xiao Zhige.
Justo cuando An
Chang Qing pensĂ³ que no podĂa obtener su aprobaciĂ³n, Xiao Zhige dijo con total
naturalidad: ―Por supuesto, la MansiĂ³n Wang estĂ¡ a su cargo.
Puedes hacer lo que quieras.
An Chang Qing
se quedĂ³ sin palabras. Le llevĂ³ algĂºn tiempo comprender que la mentalidad de
esta persona era en realidad bastante simple: Porque era su Wangfei, no hacĂa
falta decir que lo protegerĂa; porque era su Wangfei, no hacĂa falta decir que
la MansiĂ³n Wang era suya para pasarla por alto.
Debido a todas
estas presunciones, Xiao Zhige siempre estaba confundido con las peticiones de
An Chang Qing. Para él, lo que fuera que An Chang Qing quisiera, naturalmente
lo cumplirĂa porque como su Wangfei, merecĂa todo lo que pudiera ofrecer. Por
desgracia, An Chang Qing no se dio cuenta de esto en su Ăºltima vida. Su
cobardĂa le habĂa hecho dejar pasar estas oportunidades.
―Yo me encargo ―, le sonriĂ³ An Chang Qing con los ojos llenos de resplandor.
Xiao Zhige se contagiĂ³ de su sonrisa y
sus labios se curvaron ligeramente. ColocĂ³ el plato de pescado sin espinas
delante de Ă©l y dijo: ―Vamos a comer.
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El autor tiene algo que decir: #Noticias Matutinas de Yejing#
¡Grandes noticias! ¡El Wangfei del
Señor de la Guerra del Norte no estĂ¡ muerto! ¡¡¡Incluso fue con el Señor de la
Guerra del Norte a comprar pasteles de ciruela a San Wei Zhai!!!
......
Nuo Nuo estĂ¡ aprendiendo un poco sobre Wangye Song Song la~
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