Wen Mingyu mirĂ³ inconscientemente el origen del sonido, pero no esperaba ver a Mu Zhan con los ojos inyectados en sangre, las venas azules que sobresalĂan en su frente y el rostro muy desagradable. Lleno de brutalidad y despiadado, parecĂa que estaba listo para ir a matar.
Wen Mingyu sintiĂ³ un thump en su corazĂ³n y enseguida
quiso esconderse, para no dejar que Mu Zhan se fijara en él, no fuera a ser la
desafortunada vĂctima de su ira.
Pero todo ocurriĂ³ tan rĂ¡pido que Mu Zhan se fijĂ³ en Ă©l al instante. Sus
ojos enfurecidos se posaron en Ă©l, y se dirigiĂ³ hacia Ă©l.
La tremenda fuerza de la presiĂ³n era como enormes y agitadas olas, que
surgĂan constantemente capa a capa, obligando a no poder inhalar y dificultando
el control de sus débiles piernas para no caer, como si hubiera mil libras de
presiĂ³n encima.
Wen Mingyu se sentĂ³ en el taburete, para no caerse por la pĂ©rdida de
fuerza de su cuerpo.
En pocos segundos, Mu Zhan llegĂ³ frente a Ă©l. La luz que habĂa detrĂ¡s de
él proyectaba una sombra sobre su imponente figura, envolviendo a Wen Mingyu en
ella.
Cuanto mĂ¡s cerca estĂ¡, la sensaciĂ³n de opresiĂ³n es aĂºn mĂ¡s pesada.
Wen Mingyu estaba rĂgido de pies a cabeza, y le invadĂa el terror de lo
que pudiera ocurrir a continuaciĂ³n.
Mu Zhan se acercĂ³, envuelto en un aura feroz, como si algo
extremadamente horrible estuviera a punto de ocurrir. Se inclinĂ³ hacia delante
y estirĂ³ las manos hacia Wen Mingyu, que pensĂ³ que estaba a punto de agarrar su
cuello y estrangularlo hasta la muerte. Todo el vello de su cuerpo se erizĂ³ y
quiso saltar y escapar, sĂ³lo para encontrarse con que la mano que se acercaba
recogĂa una uva pelada y se la llevaba a la boca.
......?
Wen Mingyu se quedĂ³ completamente boquiabierto.
Es como si estuviera jugando la etapa final de un juego, entrando por la
puerta con el corazĂ³n tembloroso, pensando que se enfrentarĂa a un gran y
malvado JEFE, que es extremadamente difĂcil de vencer. Estaba a punto de
iniciar una feroz batalla, sĂ³lo para ver a un diminuto, blando y gelatinoso
slime, durmiendo profundamente con los ojos entrecerrados... 'Hooo~
hoo~'.
El drĂ¡stico contraste era tan grande que se olvidĂ³ de reaccionar.
SĂ³lo por un momento, Mu Zhan ya se habĂa comido la mitad de las uvas
peladas, y parece que, al no moverse, se disgustĂ³. Le agarrĂ³ por la muñeca y
colocĂ³ las uvas sin pelar en su mano. OrdenĂ³ frĂamente: ―ContinĂºa.
Wen Mingyu: ―........ Oh.
Realmente voy a seguir pelando las uvas.
Sin embargo, uno come uvas y el otro las pela, y el primero casi
mantiene la velocidad.
Poco despuĂ©s, Mu Zhan habĂa terminado de comer las uvas peladas, y su
lĂnea de visiĂ³n se posĂ³ en la mano de Wen Mingyu.
El cuerpo de Wen Mingyu estaba rĂgido, intentĂ³ aumentar la velocidad de pelado,
pero el hecho de ser observado hizo que su cuerpo se pusiera mĂ¡s nervioso y le
costara pelar, incluso tropezĂ³ un poco.
Era hermoso, las manos de Wen Mingyu son delgadas y justas, con
articulaciones bien proporcionadas. Sujetando la uva oscura y pĂºrpura, parecen
aĂºn mĂ¡s delicadas y suaves como el jade blanco. Cualquier persona que lo mirara
probablemente no podrĂa soportar dejarle trabajar, pero Mu Zhan no parece ser
una persona.
Mientras la mano de Wen Mingyu pelaba los Ăºltimos restos de piel de la
uva, Mu Zhan parecĂa no tener paciencia para esperar. AgarrĂ³ la mano, se la
llevĂ³ a la boca y se comiĂ³ la uva.
La uva estaba apretada entre los dedos de Wen Mingyu, lo que
naturalmente facilitĂ³ que tambiĂ©n se mordiera los dedos. Wen Mingyu sintiĂ³
claramente que las yemas de sus dedos entraban en contacto con una humedad
cĂ¡lida, tan caliente que no pudo evitar querer retroceder, pero no pudo moverse
porque su muñeca estaba atrapada.
AdemĂ¡s, no sabĂa si Mu Zhan lo estaba haciendo intencionadamente o no,
pero mientras comĂa la uva, tambiĂ©n lamĂa el jugo que rodaba por las yemas de
sus dedos.
El suave tacto le provocĂ³ una sensaciĂ³n de hormigueo.
Wen Mingyu no pudo abstenerse de curvar ligeramente sus dedos; sus
pestañas temblaban.
Mu Zhan estaba comiendo la uva, pero sus ojos lo miraban fijamente, como
una bestia salvaje tras su presa, queriendo masticarlo y tragarlo en su
vientre.
Wen Mingyu sintiĂ³ la inminente crisis que le recorrĂa y estallaba en su
mente. Mu Zhan terminĂ³ la uva pero no aflojĂ³ su agarre. MordiĂ³ el dedo de Wen
Mingyu como si tuviera la intenciĂ³n de devorarlo tambiĂ©n.
Wen Mingyu no se atreviĂ³ a forcejear sin pensarlo bien, dijo: ―Su Majestad,
tengo que seguir pelando uvas para usted.
Mu Zhan lo mirĂ³ durante dos segundos y soltĂ³ lentamente su mano. Wen
Mingyu retrocediĂ³ inmediatamente, cogiĂ³ una uva y actuĂ³ concentrado y como si
estuviera ocupado.
La sangre en los ojos de Mu Zhan se dispersĂ³ despuĂ©s de comer la uva, y
su rostro sombrĂo y frĂo se relajĂ³, volviendo gradualmente a su habitual
compostura y expresiĂ³n inexpresiva.
Entonces, se puso en pie y se dirigiĂ³ a la puerta, indicando a Zhao
Dequan que hiciera algo.
En cuanto se fue, Wen Mingyu respirĂ³ aliviado y su cuerpo se ablandĂ³ al
instante. SĂ³lo querĂa tumbarse boca abajo y no moverse.
Se escuchaba un dĂ©bil sonido de conversaciĂ³n procedente de la puerta.
Las voces eran intermitentes, pero Wen Mingyu apenas pudo distinguir que Mu
Zhan estaba dando Ă³rdenes de matar a alguien.
DebĂa ser la persona que estaba relacionada con el memorial de hace un
momento.
Wen Mingyu se permitiĂ³ pensar en otra cosa. No escuches. No servirĂ¡ de
nada saberlo.
Cuando Mu Zhan volviĂ³, siguiĂ³ leyendo los informes. No se comiĂ³ las uvas
restantes y dejĂ³ que Wen Mingyu se las terminara Ă©l mismo.
Wen Mingyu no actuĂ³ con cortesĂa, casi se muere de la impresiĂ³n ahora
mismo. ¿CĂ³mo puede calmar sus nervios si no se mete algo en la boca?
Una uva entrĂ³ por sus labios, mordiendo la pulpa en pedazos, y el jugo
fresco se derramĂ³ en su boca. Era realmente dulce y delicioso, como Ă©l
imaginaba.
Entrecerrando los ojos, Wen Mingyu recibiĂ³ el consuelo de la sabrosa
comida.
DespuĂ©s de comer un par mĂ¡s, recordĂ³ que su dedo habĂa sido mordido por
Mu Zhan, por lo que no habrĂa algo en Ă©l......
La expresiĂ³n de Wen Mingyu se quedĂ³ en blanco durante un breve segundo,
y se sintiĂ³ muy complicado. Era comer o pasar hambre.
Haciendo una pausa de unos segundos, se limpiĂ³ secretamente los dedos
con un pañuelo. Por un momento, mirĂ³ las dĂ©biles marcas de mordiscos en las
yemas de sus dedos, luego desviĂ³ la mirada, fingiendo ignorancia como si no
hubiera ocurrido nada, y reanudĂ³ la comida.
DespuĂ©s de consumir la fruta, Mu Zhan lo enviĂ³ de regreso.
A partir de entonces, al volver de nuevo, veĂa algunos pasteles y frutas imperiales sobre la mesa. Entonces, la mayorĂa de ellas acabaron en su vientre.
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