Cuando las mujeres se reĂșnen, es inevitable que haya discusiones, especialmente cuando se trata de damas del Harem Imperial.
Aunque no querĂa
participar en esta farsa, no podĂa dejarse pisotear. Se anduvo con cuidado con
cada palabra y fingiĂł no entender cuando no era prudente discutir. Con la Gran
Princesa vigilando a su lado, habĂa conseguido salir airoso.
La emperatriz viuda
se estaba haciendo demasiado mayor para lidiar con estas mezquinas disputas.
Tras repartir los regalos de Año Nuevo, se retiró a su palacio. La gente en la
sala continuĂł charlando mientras esperaba el regreso del grupo del Emperador.
An Chang Qing saliĂł
de la sala y exhalĂł una bocanada de aire pesado. Realmente no le gustaba tener
que lidiar con las serpientes de la hierba.
Desde lejos, vio que
Taizi-fei se acercaba con su séquito y se le puso la piel de gallina. Fingiendo
no verla, se dio la vuelta y caminĂł en direcciĂłn contraria. Inesperadamente,
logrĂł evitar a Taizi-fei pero se cruzĂł con la Gran Princesa.
Al encontrarse con
ella, An Chang Qing no tuvo mĂĄs remedio que saludarla cortĂ©smente: ―TĂa.
La Gran Princesa lo
mirĂł y sonriĂł: ―¿Por quĂ© te escondes de mĂ igual que Zhige? ¿Te ha enseñado Ă©l eso?
An Chang Qing refutĂł
inmediatamente: ―Eso no es cierto. Wangye es muy
respetuoso contigo, y me dijo que hiciera lo mismo.
―Tienes
una mente ĂĄgil y eres mucho mĂĄs elocuente que
Zhige. ―La Gran Princesa le mirĂł, pero no le reprochĂł sus palabras
inventadas.
An Chang Qing sonriĂł
y la acompañó a su lado.
Los dos se dirigieron
a un pequeño pabellón y la Gran Princesa hizo una señal a su sirvienta para que
saliera. MirĂł a la silenciosa An Chang Qing y contemplĂł sus palabras.
Finalmente, suspirĂł y dijo: ―Yo... me siento mal
por Zhige, al haber perdido a su madre a una edad tan temprana, por eso he sido
buena con Ă©l. No tienes que ser cauteloso conmigo. Le he pedido que venga aquĂ
sĂłlo para decirle que, si alguna vez tiene problemas, puede acudir a mĂ.
SonriĂł con amargura: ―Zhige
nunca vendrĂa a pedirme ayuda, pero tĂș tienes mĂĄs tacto que Ă©l. Lo que te he
dicho hoy, tenlo en cuenta.
―TĂa... ―An
Chang Qing no pudo comprender mientras la miraba. PodĂa decir que sus
palabras eran sinceras pero su razĂłn era insostenible. El linaje imperial
siempre habĂa sido despiadado, pero como hermana del Emperador, no necesitaba
tomar partido. No importaba quĂ© prĂncipe ascendiera al trono, ella no saldrĂa
perjudicada.
Incluso si ella
querĂa conseguir el favor por adelantado, su elecciĂłn no deberĂa ser Xiao
Zhige, que actualmente tenĂa ninguna posibilidad de ganar.
An Chang Qing
reflexionĂł a fondo, pero todavĂa no podĂa entender su razĂłn.
―Cuando
llegue el momento, lo sabrĂĄs.
―La Gran Princesa superĂł su momento de
debilidad y dijo: ―Pero no deseo que llegue ese dĂa.
Se girĂł y mirĂł a lo
lejos para ver que el carruaje del Emperador regresaba.
―Han
regresado. DeberĂas irte.
An Chang Qing se
inclinĂł y se despidiĂł de ella. Antes de marcharse, la mirĂł, pero se dio cuenta
de que ya no podĂa leer su expresiĂłn.
.
. .
Rezar y ofrecer
tributo a los cielos y a los antepasados eran rituales complicados. Cuando
terminĂł y el grupo pudo salir del Palacio, ya era mĂĄs de mediodĂa.
An Chang Qing vio a
Xiao Zhige desde la distancia y sonriĂł. Al acercarse, vio que su frente sudaba
y le preguntĂł: ―¿EstĂĄs cansado?
Xiao Zhige respondiĂł
con un 'en'. TenĂa un cuerpo robusto, pero la falta de sueño de anoche y los
rituales de esta mañana habĂan agotado su energĂa considerablemente.
―Yo
también tengo un poco de
hambre ―, le susurrĂł An Chang Qing al
oĂdo, ―Las mujeres del Palacio son tan difĂciles de tratar que
ni siquiera me atrevo a comer.
Los labios de Xiao
Zhige se inclinaron ligeramente. AlcanzĂł a ver que el PrĂncipe Heredero miraba
y se girĂł para bloquear la vista de An Chang Qing, susurrĂĄndole: ―Comeremos
cuando volvamos.
An Chang Qing no se
dio cuenta de la anormalidad. SonriĂł y asintiĂł con la cabeza mientras Xiao
Zhige le guiaba fuera del Palacio.
Sólo después de que
se fueran, el PrĂncipe Heredero retrajo su mirada. Vio a Taizi-fei acercĂĄndose
a grandes zancadas y preguntĂł: ―¿Le diste el vino como
te ordené?
Taizi-fei bajĂł la
cabeza y dijo: ―SĂ. Pero lo tirĂł despuĂ©s.
―¿Oh? ―El
PrĂncipe Heredero levantĂł las cejas: ―Parece
que tiene carĂĄcter.
―EstĂĄ bien. En el
futuro... ―Hizo una pausa y ocultĂł sus palabras: ―¿QuĂ© hay que no pueda
tener?
Taizi-fei inclinĂł la
cabeza, ―Su Alteza tiene toda la razĂłn.
.
. .
De vuelta a la
MansiĂłn Wang, An Chang Qing habĂa ordenado que le prepararan el almuerzo. HabĂa
demasiadas reglas que seguir en el Palacio y no se habĂa animado a comer.
Ahora, tenĂa que llenar su estĂłmago primero.
Después del almuerzo,
An Chang Qing comenzó a repartir el dinero de Año Nuevo a los sirvientes de la
mansiĂłn antes de ir finalmente al Patio Qingwu a visitar a Lady Yu y An Xian
Yu. Cuando llegĂł, vio a Zhou He Lan sentado en un taburete en el patio, leyendo.
An Chang Qing lo mirĂł
y le preguntĂł: ―¿QuĂ© haces fuera?
Zhou He Lan
respondiĂł: ―MamĂĄ estĂĄ hablando con Madame y la señorita. Para evitar
malentendidos, me he quedado fuera para leer.
An Chang Qing se riĂł.
Pensando que tenĂa mĂĄs o menos la misma edad que An Xian Yu, rechazĂł la idea de
pedirle que entrara y dijo: ―Entonces puedes
seguir quedĂĄndote aquĂ. Yo voy a entrar.
Zhou He Lan observĂł
cĂłmo An Chang Qing entraba por la puerta antes de cerrar su libro. Se tocĂł la
barbilla y murmurĂł para sĂ mismo: ―No puedo creer que no
me haya pedido que le acompañe.
Parece que he calculado mal...
An Chang Qing entrĂł y
descubriĂł que la Madre Zhou estaba dentro, hablando con la Lady Yu mientras An
Xian Yu se sentaba tranquilamente a escuchar. RepartiĂł los regalos que habĂa
preparado para ellos y se quedĂł un rato. Cuando saliĂł, Zhou He Lan ya no estaba
en el patio.
.
. .
Después de salir del
Patio Qingwu, An Chang Qing se dirigiĂł al patio delantero.
QuerĂa discutir los
regalos que tenĂan que enviar a los asociados de Xiao Zhige con el Mayordomo
Wang, pero Xiao Zhige vino a buscarlo al mismo tiempo. El Mayordomo Wang se
excusĂł a sabiendas y dijo que volverĂa mĂĄs tarde.
An Chang Qing dejĂł a
un lado su trabajo y preguntĂł: ―¿Necesita algo Wangye?
―Hoy
es el primer dĂa del Año Nuevo, los ancianos
repartirĂĄn dinero de la suerte
a los juniors.
An Chang Qing no
tenĂa ni idea de por quĂ© hablaba de esto.
Xiao Zhige sacĂł
entonces de su manga un trozo de Jade de Pixiu. El jade estaba unido a una faja
tejida en oro cuyo color se habĂa desvanecido con el tiempo.
―Cuando
tenĂa un mes de edad, mi
madre habĂa tejido esto
personalmente para mĂ. DecĂa que podĂa alejar el mal y la
mala suerte. Después de su muerte, mi
padre dijo que su muerte fue poco propicia y que todo lo que habĂa en su palacio fue
quemado. SĂłlo quedĂł esta pieza
de jade que habĂa estado conmigo todo el tiempo. Te la darĂ© en su nombre.
En una rara ocasiĂłn,
Xiao Zhige hablĂł un poco mĂĄs: ―Si madre pudiera
verte, seguro que le gustarĂas.
An Chang Qing aceptĂł
el recuerdo. El jade era cĂĄlido y suave, claramente habĂa sido acariciado con
frecuencia. An Chang Qing dijo con cierta vergĂŒenza: ―Wangye
me dio un regalo, pero no preparé nada para ti.
―¿Tiene Wangye algo que
quieras? ―An Chang Qing lo mirĂł con ojos grandes y
serios.
Un brillo apareciĂł en
los ojos de Xiao Zhige. Reflexionó brevemente y señaló el colgante de jade de
pez gemelo que colgaba de su cintura y dijo: ―Veo que siempre
llevas ese colgante contigo. ¿Por
qué no me lo das?
An Chang Qing levantĂł
el trozo de jade y lo frotĂł. HabĂa sido un regalo de su madre en su dĂ©cimo
cumpleaños. El grado del jade no era nada extraordinario, pero ella habĂa
ahorrado durante mucho tiempo antes de poder comprarlo para él. Desde entonces,
nunca se separó de él.
Xiao Zhige mirĂł sus
ojos abatidos y pensó que no estaba dispuesto a desprenderse de él, o mejor
dicho, no estaba dispuesto a dejar ir a la persona que le habĂa regalado el
colgante.
El humor de Xiao
Zhige se hundiĂł. Dijo: ―Si no estĂĄs dispuesto, estĂĄ bien.
An Chang Qing sĂłlo se
quedĂł perdido en sus pensamientos. Viendo que habĂa entendido mal,
inmediatamente tomĂł la pieza de jade y la puso en su palma, ―No
es que no estuviera dispuesto. Es sĂłlo que mi pieza de jade no se puede
comparar con la de Wangye. Wangye, ¿no sentirĂĄs que te han estafado?
Xiao Zhige mirĂł la
pieza de jade y su humor se levantĂł. Incluso habĂa una sonrisa en su voz: ―No
hay tal cosa.
―Entonces,
¿se puede considerar
esto como un intercambio de recuerdos? ―An Chang Qing pensĂł que como el colgante
de Xiao Zhige era de su madre y el suyo tambiĂ©n se lo habĂa regalado su madre,
regalarse el objeto mutuamente parecĂa casi como...
Intercambio de
muestras de amor... ¿verdad?
Inesperadamente, Xiao
Zhige rechazĂł la idea al instante, ―... no.
An Chang Qing: ―???
An Chang Qing le
dirigiĂł una mirada de desconcierto y Xiao Zhige se apartĂł y dijo: ―Eso
es para la prĂłxima vez.
El colgante del pez
gemelo se lo dio otro hombre a su Wangfei. Aunque se lo habĂan regalado, era
reacio a utilizarlo como muestra de amor.
El Señor de la Guerra
del Norte planeĂł entonces, en secreto, que Wangfei le regalara otro objeto
personal en el futuro. Pero antes, temiendo que An Chang Qing se arrepintiera y
retirara el colgante, dijo: ―Tengo algo que
atender. Me voy al estudio ―, y se alejĂł apresuradamente.
Se dirigiĂł al estudio
con el colgante en la mano. Tras cerrar la puerta, examinĂł cuidadosamente la
pieza de jade. La calidad del jade no era buena y las borlas estaban hechas con
delicadeza. Xiao Zhige se burlĂł en silencio en su corazĂłn: Ese Joven
Maestro no estaba falto de riqueza, pero le dio esta pieza de jade inferior a
An Chang Qing, claramente no tenĂa a An Chang Qing en su corazĂłn.
Xiao Zhige se paseĂł
de un lado a otro sosteniendo el colgante. QuerĂa tirarlo, pero temiendo que An
Chang Qing le preguntara por él, lo colocó en una pequeña caja y lo metió en el
fondo de la estanterĂa.
Fuera de la vista,
fuera de la mente.
.
. .
An Chang Qing estaba
perdido mientras miraba el Colgante de Pixiu. PensĂł durante mucho tiempo, pero
no pudo entender lo que Xiao Zhige estaba pensando.
¿PodrĂa ser que
realmente sintiera que su regalo era inferior?
An Chang Qing sabĂa
que eso era bastante improbable, pero aun asĂ le preocupaba. Finalmente decidiĂł
encontrarle a Xiao Zhige un regalo mås valioso la próxima vez. Después de todo,
la mentalidad hosca de Xiao Zhige siempre habĂa sido difĂcil de comprender.
An Chang Qing dejĂł de
lado el asunto y llamĂł al Mayordomo Wang para retomar su trabajo anterior.
SegĂșn las tradiciones
de Da Ye, en el segundo dĂa del Año Nuevo, las familias visitaban a sus
parientes y amigos. Sin embargo, si eran demasiados para visitar, cada casa
colgaba una bolsa de regalo en su puerta. SĂłlo habĂa que indicar el remitente y
el destinatario y los sirvientes entregaban los regalos de la bolsa en lugar de
su amo.
AsĂ, todos los años,
a menos que fuera obligatorio visitarlos o se tratara de un socio Ăntimo, el
resto recibĂa las felicitaciones de Año Nuevo y los regalos de esta manera.
Era la primera vez
que An Chang Qing presidĂa esta prĂĄctica y pedĂa al Mayordomo Wang que le
ayudara.
Quién iba a decir que
despuĂ©s de dudar durante mucho tiempo, dijo: ―En todos estos años,
Wangye nunca habĂa enviado regalos.
―...
―An Chang Qing se quedĂł sin palabras durante
mucho tiempo y finalmente comprendiĂł por quĂ© la MansiĂłn Wang tenĂa tan mala reputaciĂłn.
―Bien.
¿QuĂ© pasa con los que habĂan enviado regalos? ―Siendo
el Señor de la Guerra del Norte, es imposible que nadie le enviara regalos,
¿verdad?
El administrador Wang
se sintiĂł aliviado: ―Hubo bastantes. Esta es una lista de
los años anteriores, por favor, echa un vistazo.
An Chang Qing echĂł un
vistazo y, efectivamente, era una lista larga. Pero en comparaciĂłn con los
funcionarios que vio en el banquete, este nĂșmero era escaso. Por muchas
razones, la mayorĂa de los funcionarios preferĂan no relacionarse con la
MansiĂłn Wang.
Esta costumbre de
enviar regalos no debĂa tomarse a la ligera. An Chang Qing estudiĂł los nombres
durante un rato, pero aĂșn no podĂa decidirse. Se levantĂł y dijo: ―Prepara
primero los objetos y los saludos. Discutiré con Wangye quiénes deben ser los
destinatarios.
El Mayordomo Wang se inclinĂł y se retirĂł mientras An Chang
Qing iba al estudio a buscar a Xiao Zhige.
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El autor tiene algo
que decir:
Song Song: ¿QuĂ© tal
si tiro el colgante de jade discretamente al lago? Entonces le diré a Noi Noi
que el colgante de jade se perdiĂł por descuido. (Planearlo ✓)
Nuo Nuo: ... Jaja :)
1 Comentarios
Suzuya Tlacuilo
ResponderEliminarMalos entendidos đ
Mil gracias